Jarchas de Aissa
domingo, julio 08, 2007
EN LAS PALMAS DE TU MANO

Quien hubiera apostado alguna vez
Que compartirías conmigo
Tus más profundos sentimientos.
Cuantos de los que estuvieron con vos,
Pudieron tenerte tan de cerca
Como yo lo viví anoche.
Me hablabas con el corazón entre tus manos,
Implacable,
Con el mismo pulso firme con que conducís tu destino.
Exhalando bocanadas de humo
Que cortaban el frío de la noche,
Tuve la extraña sensación
de haber llegado finalmente a destino.
Estoy
Mullido en las líneas
de la palma de tu mano,
Sabiéndome
en las palmas de tu mano,
Encomendándome al deseo
De tenerlas siempre abiertas
Para mi.
Eras el hombre en nuestra mesa,
Que objetivizaba sus sentimientos,
Explicándome con buena lógica tus vivencias.
Olvidándome del frío,
Yo me deshice de los celos que cubrían mi cuerpo.
Es por todo lo que hablamos esa noche,
Que entendí tu visión del futuro,
Y el porque
tus jugadas son tan pausadas como tu caminar.
Dejé en esa mesa vacía
tanto cúmulo de dolores e infortunios,
Animándome a sentirme nuevo,
Siguiendo tus formulas de ave fénix
Que enciende fuegos en las noches más frías.
Estoy
Mullido en las líneas
de la palma de tu mano,
Sabiéndome
en las palmas de tu mano,
Encomendándome al deseo
De tenerlas siempre abiertas
Para mi.
En este mundo plagado de promesas rotas,
Silenciosamente
yo te acompañaré en tus luchas.
Traicionado por las palabras ajenas y
Bordeando la locura de abrazarte
en los lugares menos indicados.
Amas abstrayéndote de los mortales,
Y cada paso mío en tu dirección
Es un afianzamiento personal y único.
Dejé en esa mesa vacía
tanto cúmulo de dolores e infortunios,
Animándome a sentirme nuevo,
Siguiendo tus formulas de ave fénix
Con la esperanza de estar con vos
En varías vidas.
Estoy
Mullido en las líneas
de la palma de tu mano,
Sabiéndome
en las palmas de tu mano,
Encomendándome al deseo
De tenerlas siempre abiertas
Para mi.
Que compartirías conmigo
Tus más profundos sentimientos.
Cuantos de los que estuvieron con vos,
Pudieron tenerte tan de cerca
Como yo lo viví anoche.
Me hablabas con el corazón entre tus manos,
Implacable,
Con el mismo pulso firme con que conducís tu destino.
Exhalando bocanadas de humo
Que cortaban el frío de la noche,
Tuve la extraña sensación
de haber llegado finalmente a destino.
Estoy
Mullido en las líneas
de la palma de tu mano,
Sabiéndome
en las palmas de tu mano,
Encomendándome al deseo
De tenerlas siempre abiertas
Para mi.
Eras el hombre en nuestra mesa,
Que objetivizaba sus sentimientos,
Explicándome con buena lógica tus vivencias.
Olvidándome del frío,
Yo me deshice de los celos que cubrían mi cuerpo.
Es por todo lo que hablamos esa noche,
Que entendí tu visión del futuro,
Y el porque
tus jugadas son tan pausadas como tu caminar.
Dejé en esa mesa vacía
tanto cúmulo de dolores e infortunios,
Animándome a sentirme nuevo,
Siguiendo tus formulas de ave fénix
Que enciende fuegos en las noches más frías.
Estoy
Mullido en las líneas
de la palma de tu mano,
Sabiéndome
en las palmas de tu mano,
Encomendándome al deseo
De tenerlas siempre abiertas
Para mi.
En este mundo plagado de promesas rotas,
Silenciosamente
yo te acompañaré en tus luchas.
Traicionado por las palabras ajenas y
Bordeando la locura de abrazarte
en los lugares menos indicados.
Amas abstrayéndote de los mortales,
Y cada paso mío en tu dirección
Es un afianzamiento personal y único.
Dejé en esa mesa vacía
tanto cúmulo de dolores e infortunios,
Animándome a sentirme nuevo,
Siguiendo tus formulas de ave fénix
Con la esperanza de estar con vos
En varías vidas.
Estoy
Mullido en las líneas
de la palma de tu mano,
Sabiéndome
en las palmas de tu mano,
Encomendándome al deseo
De tenerlas siempre abiertas
Para mi.
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